Tuesday, December 13, 2011

El mito del Alcalde de Móstoles (V)

Autores como Juan Ocaña pretendían hacernos creer que la memoria colectiva de los mostoleños guardaba fresco el recuerdo de lo que pasó en Móstoles el 2 de mayo de 1808, más de tres cuartos de siglo después. Esto quizá sería factible si la gestación del bando hubiese sido un hecho público, muy notorio y sonado en el vecindario, pero creemos que, en realidad, en su día constituyó algo irrelevante para la inmensa mayoría de los mostoleños que vivieron aquel tiempo, ya que difícilmente podían retener en su memoria una simple gestión posiblemente secreta del consistorio, en una época plagada de tragedias y penurias. Así pues, únicamente los que tuvieron alguna participación en la gestación y/o difusión del bando podrían rememorar, confusamente, algo de lo sucedido aquel aciago día de primeros de mayo, recuerdo que sería de poca relevancia en comparación con la vorágine de dramas personales y familiares vividos durante la contienda, que eclipsarían un hecho al que, probablemente, no se le dio importancia hasta muchos años después, fallecidos ya los protagonistas, cuando algunos cronistas lo recuperaron por su trascendencia histórica y señalaron públicamente a Móstoles como una villa heroica distinguida en la Historia reciente de la nación española por la hazaña de su alcalde. Cuando la gesta del Dos de Mayo se convirtió en un mito nacional, probablemente sólo quedaban en nuestra villa dos de sus participantes secundarios, que entonces eran jóvenes y con suficiente edad como para revivir, no sin cierta neblina que otorga el tiempo a los recuerdos de épocas trágicas, lo que hicieron el 2 de mayo de 1808; nos referimos, naturalmente, al clérigo Fausto Fraile y al postillón Antonio Hernández, cuyo supuesto papel, ni confirmado ni desmentido, fue el de traer a la villa la noticia de las matanzas perpetradas por los franceses en la capital, el primero, y quizá de acompañar al mensajero de la proclama –Pedro Serrano- hasta la casa de postas de Navalcarnero, el segundo. A mediados del siglo XIX el mito del alcalde había hecho famoso el nombre de Móstoles, pero aquí nadie o casi nadie tenía certeza de cómo se había gestado y difundido el célebre bando, pues solo existía la parca versión contada por cronistas y rumores locales confusos, entre los cuales sólo los relatos de Fausto Fraile y Antonio Hernández podían arrojar alguna luz. A pesar de ello, sorprende que en un principio se rindiese homenaje en Móstoles a los dos alcaldes ordinarios de 1808, y no a uno solo, como se haría después, y también sorprende que, inicialmente, se le reconociese a Villamil su papel preponderante en la gestación de la proclama. Esto se confirma por el hecho de que la corporación municipal rebautizase hacia 1861 o 1862 las calles de Segovia y de la Amargura con el nombre de aquellos alcaldes, y que en 1868 la Junta Revolucionaria del municipio rindiese homenaje a los mismos y a Villamil en unos términos muy cercanos a la realidad que hemos podido documentar. Al poco tiempo, ya en la época de la I República, aparece el primer relato detallado de la gesta, transmitido por fuentes locales, en el que se desfigura la realidad para dar el protagonismo al alcalde Andrés Torrejón, quien ahora juega un papel central según esta exégesis, y una posición secundaria el ilustre secretario del Almirantazgo, Pérez Villamil, casi marginando al otro alcalde, Simón Hernández, y relatando la escena con toda la solemnidad que correspondía a una epopeya nacional, a la que en sucesivas escenificaciones teatrales y relatos más elaborados se adornó con circunstancias fabulosas –como la gestación del bando en una asamblea pública en la que cundía la exaltación del patriotismo- y detalles inventados. Creemos que el portavoz de esta exégesis chovinista, que maximizaba el mérito de los mostoleños en detrimento de los foráneos, debió de ser el secretario municipal Mariano Torrejón, que ejerció el cargo durante casi toda la segunda mitad del siglo XIX. Probablemente el apellido de este portavoz influyó en que su versión llevase por protagonista indiscutible, precisamente, al alcalde Andrés Torrejón, de quien debemos advertir, por si alguien se pone a pensarlo, que no era ancestro del secretario.

Juan Ocaña Prados

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Monday, December 12, 2011

El mito del Alcalde de Móstoles (IV)

El bando de los alcaldes de Móstoles comenzaba por el siguiente encabezamiento “Señores justicias de los pueblos a quienes se presentare este oficio, de mi el alcalde ordinario de la villa de Mostoles”, e iba firmado por Andrés Torrejón y Simón Hernández. Nunca sabremos la razón por la que Villamil escribió ese encabezamiento en singular, posiblemente un error achacable a la precipitación y prisa con la que lo materializó, pero este pequeño detalle tuvo mucha trascendencia en el mito que se formó posteriormente, ya que las autoridades civiles y militares que leyeron la proclama se quedaron con la idea de que su autor era el alcalde, en singular, y no los alcaldes, pues no dieron relevancia a las firmas del documento. Así se difundió desde el primer momento la idea de que el bando fue promovido por el Alcalde de Móstoles, cuya identidad concreta se ignoró y se utilizó el título del cargo para mitificar una figura que, para muchos, representaba a aquellos valerosos españoles que no vacilaron en enfrentarse, con sus acciones, a los enemigos franceses, cuando las máximas autoridades de la Corona actuaban cobardemente ante ellos. Desde el mismo año 1808 se habló del Alcalde de Móstoles en escritos y posteriormente en crónicas diversas, siempre como mito patriótico, pero ya avanzada la guerra y reunidas las Cortes en Cádiz, unos prefirieron ver en esta figura la encarnación de la soberanía nacional (liberales) y otros un seudónimo bajo el que se escondía Juan Pérez Villamil, quien se identificaría pronto con la causa absolutista. La politización de la figura del Alcalde de Móstoles continuó tras la guerra, como demuestran las crónicas del conde de Fabraquer, consejero de Fernando VII, y del conde de Toreno, ex diputado liberal, quienes en la década de 1830 lograron aumentar el éxito y difusión del mito. Fabraquer prefería conceder el protagonismo a Villamil, en tanto que Toreno no rechazaba la idea de que aquel cortesano promoviese el bando, pero situaba a un anónimo alcalde mostoleño como su redactor y firmante definitivo, en una versión que hemos venido en llamar moderada, por la tendencia política de Toreno y porque en su exégesis reconoce protagonismo a ambos personajes. Las versiones liberal y moderada de la gesta serían ampliamente aceptadas por la historiografía posterior, en tanto que la absolutista fue bastante olvidada, aunque hubo autores que la prefirieron.

El texto de la proclama de los alcaldes mostoleños se perdió muy pronto y permaneció en un absoluto olvido. La versión breve o sucinta, tan famosa en los libros de Historia, que empieza con “La patria está en peligro…”, no se sabe quién la inventó, pero aparece por primera vez en un libro de propaganda política liberal publicado en 1810 en Londres por Álvaro Flórez Estrada, quien había sido Procurador General del Principado de Asturias. Esta obra fue prohibida en la España absolutista, por lo que el “descubrimiento” del texto del bando tuvo escasa repercusión hasta que lo recuperó el conde de Toreno en su crónica de 1833, apropiándose del mérito de darlo a conocer. A partir de entonces toda la historiografía posterior repitió la breve proclama apócrifa o sucinta, teniéndose aún hoy por veraz, a pesar de que ya en 1899 el secretario municipal de Cumbres de San Bartolomé (Huelva) había dado a conocer el texto auténtico mediante una copia custodiada en el archivo municipal de la localidad; tal hallazgo no tuvo difusión hasta la celebración del Centenario de la gesta del Dos de Mayo en 1908, pero a pesar de ello, muchos no aceptaron que lo que habían estado contando cronistas desde hacía casi un siglo era una mera invención, por lo que surgieron exégesis que trataban de encajar la existencia del bando sucinto y del auténtico, explicando que se hicieron dos versiones, la corta para exponerla en caminos y cruces y la larga para entregársela a las autoridades. Por desgracia, aún hoy se da pábulo a este error de interpretación. Por fortuna, en la actualidad hemos localizado más copias del auténtico bando de los alcaldes: dos en Plasencia, otra en Logrosán y una quinta en Zalamea la Real; comparándolas hemos podido reconstruir el texto original del bando primigenio, y no se descarta el futuro hallazgo de más copias olvidadas en archivos municipales de Extremadura y Andalucía.

El bando del alcalde de Móstoles según Miguel Agustín Príncipe (1842)

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Sunday, December 11, 2011

El mito del Alcalde de Móstoles (III)

Desde luego, la gestación del bando no fue tan espontánea como se ha pretendido, como tampoco lo fue el motín protagonizado por los madrileños aquel 2 de mayo en la capital. Se sabe que hubo conspiraciones para agitar al populacho y forzar una ruptura de hostilidades contra los franceses, y que fue bienvenida por Murat, ya que le permitía tomar el control de la capital. Se sabe también que la Junta de Gobierno que dejó Fernando VII a su marcha a Bayona –donde esperaba tener el beneplácito como rey de Napoleón y que éste le ofreciese la mano en matrimonio de su hija, Josefina, lo que no sucedió al no reconocerle como monarca dicho emperador francés- se preparó en secreto para iniciar y dirigir una sublevación general, a medida que se iban confirmando las sospechas sobre las verdaderas intenciones hostiles de los franceses, mientras mantenía oficialmente una postura aliada y colaboracionista, en virtud de los tratados firmados, mientras el rey no le autorizase a romper hostilidades en el momento oportuno. En esos planes secretos entraba Villamil, que, como secretario del Consejo de Marina (o Almirantazgo), fue propuesto por los regentes para formar, junto a otros dos consejeros y tres militares –un teniente de la Armada Real y dos capitanes generales, los de Cataluña y Castilla la Vieja-, una junta sustituta que relevaría a la de Gobierno en caso de quedar inoperativa por la coacción de los franceses. El nombramiento le sería comunicado a través de Esteban Fernández de León, que casualmente iba a trasladarse aquella mañana del 2 de mayo a su pueblo natal, en Extremadura, pasando necesariamente por Móstoles, donde se hallaba el interesado. Por lo tanto el encuentro entre los dos aristócratas no fue casual, como el primero pretendía en su relación de méritos autobiográfica, sino premeditada y con un objetivo concreto. Fernández de León acudió a ver a Villamil no sólo para contarle la violencia que había presenciado a su marcha de Madrid y el maquiavélico plan de Napoleón –destronar a los Borbones dela Corona española para poner en ella a su hermano José-, que es lo que reconoció públicamente años después, sino también para comunicarle su nuevo cargo y las instrucciones a seguir en adelante. Ahora sabemos que se había decidido que la primera medida que tomaría la nueva Junta sustituta de Gobierno, una vez se hubiera constituido al quedar deshecha la anterior y el rey Fernando VII le hubiera autorizado para declarar la guerra a Francia, era difundir un manifiesto llamando a la nación a organizar ejércitos y pelear contra los franceses. Con esto se aclara definitivamente por qué Pérez Villamil escribió la célebre proclama que inmortalizó su nombre y el de los dos alcaldes mostoleños; en absoluto fue, este bando, una improvisación fruto del ardor patriótico de su autor, como siempre se ha dicho, sino que obedecía a un plan premeditado. Improvisado no, pero desde luego sí que fue precipitado, porque Villamil no esperó a reunirse con sus compañeros, ni a confirmar la situación de la primigenia Junta de Gobierno, que seguía ejerciendo la soberanía, ni a recibir las instrucciones del ya exiliado monarca; su actuación el 2 de mayo, impulsando unilateralmente el manifiesto, delata que se precipitó, espoleado quizá por Fernández de León y horrorizado por las matanzas hechas en Madrid por los soldados de Murat. E insistimos en que el bando fue precipitado, porque muchas de las autoridades que recibieron sus copias no estaban informadas de los planes secretos de los regentes, por lo que no concedieron crédito ni legitimidad a un manifiesto firmado por unos humildes alcaldes de pueblo, y sí lo hicieron con los escritos del Consejo de Castilla y del ministro de Guerra, Gonzalo O’Farril, obligados por Murat a difundir bandos exigiendo tranquilidad y calma para evitar rebeliones. Y es que las firmas de los alcaldes mostoleños eran necesarias en la circular de Villamil, fundamentalmente para autorizar su rápido despacho en posta o correo expreso, como requería la legislación de Correos de entonces, y además Villamil no podía comprometer su rúbrica al no haber tomado posesión oficial de su nuevo cargo.

La historiografía solía colocar a Antonio Hernández como mensajero que transportó el bando por la carrera de Extremadura hasta Badajoz, pero poco a poco ha ido calando la certeza de que fue Pedro Serrano, a quien nombra tanto Fernández de León en su relación de méritos de 1814, como una carta del escribano mostoleño Manuel de Valle, de octubre de 1808; lo que aún se dice constantemente es que Serrano era postillón, pero es un dato no confirmado y además poco probable, dado que un postillón no podía ir tan lejos, pues su recorrido se limitaba entre una casa de postas y la siguiente en el itinerario; parece, más bien, que Serrano debía de ser un oficial del Ejército, dado que dirigía la escolta de soldados que acompañaba a Fernández de León.

Como ya apuntábamos antes, el bando de los alcaldes de Móstoles fracasó por su precipitación. Es cierto que causó bastante agitación popular allí por donde pasó, especialmente en Badajoz y Sevilla, y también es cierto que varias autoridades movilizaron tropas e iniciaron reclutamiento de voluntarios para empezar la guerra, pero todos estos movimientos fueron abortados en los días siguientes al 2 de mayo, a medida que se difundían órdenes y bandos de las máximas autoridades del reino, todavía legítimas, a quienes finalmente obedecieron alcaldes, corregidores y mandos militares, que se vieron obligados a pacificar a un pueblo enfurecido por la ambigüedad que mostraban sus gobernantes para con los que ya se mostraban claramente como enemigos de España; esta ambigüedad causó la muerte a más de uno, como el capitán general interino de Extremadura, el conde de la Torre del Fresno, o el capitán general de Andalucía, Francisco Solano, asesinados ambos por la iracunda turba. El 6 de mayo de 1808 Fernando VII se vio presionado para abdicar en su padre, Carlos IV, quien a su vez había renunciado al trono a favor de Napoleón, quien, como ya sospechaban muchos en España, se lo entregaría a su hermano José. Estas abdicaciones de Bayona fueron anunciadas en periódicos oficiales a mediados de mayo, cuando se había logrado contener el movimiento insurreccional alentado por el bando de los alcaldes de Móstoles, pero esta nueva noticia constituyó la verdadera chispa que prendió la mecha de la sublevación, y en la segunda quincena de mayo diversas ciudades españolas alzaron el grito de guerra; se formaron, espontáneamente, diversas juntas locales y regionales compuestas por mandos militares, notables y alto clero, que organizaron ejércitos e iniciaron la Guerra de la Independencia de forma contraria a como los gobernantes habían pretendido al principio, sin coordinación.

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Saturday, December 10, 2011

El mito del Alcalde de Móstoles (II)

La historiografía cuenta, sin embargo, que al enterarse de la masacre ocurrida en Madrid contra el populacho, por parte de las tropas de Murat, los alcaldes mostoleños se indignaron hasta tal punto, que convocaron un concejo abierto en el que los vecinos de esta pequeña villa clamaban por acudir a socorrer a sus convecinos madrileños, pero dichos alcaldes, en un acto de prudencia, consultaron la situación con un caballero cortesano que accidentalmente se hallaba descansando en la casa de campo que poseía aquí, Juan Pérez Villamil, el que propuso avisar a otros pueblos y regiones -mediante un bando, oficio o circular- de lo que pasaba en la capital, y de las intenciones declaradas de facto por los franceses, de invadir el país; iniciativa recogida por los alcaldes que, espoleados por el clamor de sus vecinos aglomerados en la plaza pública, decidieron materializar la célebre proclama cuyo envío encargaron al hijo de uno de los alcaldes, el postillón Antonio Hernández. Difieren los relatos en quién fue el autor del bando, considerando unos que fue Villamil, rubricándolo los alcaldes, y creyendo otros que fue impulsado, escrito y hasta firmado en solitario por Andrés Torrejón, a quien, por lo general, se le da un protagonismo claro de la gesta. Al escribano Estanislao Ovejero a veces se le incluye en el suceso, como confirmante legal del acto o como redactor de la circular al dictado de Andrés Torrejón o de Villamil.

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Friday, December 9, 2011

El mito del alcalde de Móstoles (I)

Lo que nos han contado los libros de Historia sobre la gestación del bando del alcalde o de los alcaldes de Móstoles, el 2 de mayo de 1808, difiere en muchos casos de lo que realmente sucedió ese día en nuestra villa. Hemos logrado acotar la responsabilidad y el papel de cada uno de los protagonistas: Esteban Fernández de León, el de servir de enlace entre la Junta de Gobierno y Juan Pérez Villamil, para transmitir a éste los planes secretos de aquella asamblea de regentes que pretendía liderar un levantamiento contra los franceses desde las máximas instituciones de la monarquía, aunque sólo cuando las circunstancias fuesen las adecuadas; el de Villamil, de materializar la célebre proclama que, si no escribió de su puño y letra, al menos debió de dictársela al escribano Manuel de Valle, quien estuvo presente en el acto, como él mismo confirmaría en una carta meses más tarde; en cuanto a los dos alcaldes ordinarios de Móstoles, el accidental Andrés Torrejón y Simón Hernández, se limitaron a firmar la proclama para hacerse responsables legales de la misma y facilitar su despacho en posta y por tanto su rápida difusión. Todo esto debió de transcurrir en una reunión a puerta cerrada de los personajes mencionados, dada la discreción que requería el asunto en un ambiente tenso en el que los militares franceses, acuartelados en la capital, podían tomar represalias contra cualquiera que osase turbar la alianza entre Francia y España; de hecho, cuando el general que comandaba este ejército, Murat, se enteró de cómo había circulado un bando firmado por los alcaldes de Móstoles que llamaba a la rebelión contra el país galo, no dudó en apresarlos y condenarles a muerte, salvándose aquellos al pagar una cuantiosa fianza y al desembarazarse de la responsabilidad sobre el escrito sedicioso, excusándose en que habían sido obligados por la fuera a firmarlo.

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Sunday, May 22, 2011

Elecciones municipales del 12-4-1931 en Móstoles

Hace poco más de 80 años tuvieron lugar en España unas elecciones municipales de gran calado histórico. Unas elecciones que llegaron a plantearse, de forma popular y no oficial, como un plebiscito de la agotada y desacreditada monarquía de Alfonso XIII, y que se saldaron con el triunfo de la Conjunción Republicano-socialista en muchas ciudades, lo que fue interpretado como un no al rey. Éste marchó al exilio y se proclamó la II República Española el 14 de abril de 1931.

Un día como hoy, jornada electoral en municipios y Comunidades Autónomas, es el más indicado, además de por ser este año el 80º aniversario de tan célebre fecha, para recordar aquellas elecciones, y yo lo haré a nivel local.

En Móstoles, los candidatos de la coalición republicano-socialista eran los socialistas Julio Hernández Manrique –Melilla-, Sandalio Arribas Aguado (ferroviario y futuro secretario de la Sociedad de Agricultores) y Doroteo Vaquero -el tío Vaquero-, y los republicanos Gerardo Muñoz y Muñoz (maestro de la escuela de niños) y Martín Manzano Hernández(1). El 6 de abril los socialistas celebraron un mitin en el pajar del Tío Manzano, evento recogido por el periódico El Socialista en los siguientes términos: “Ha tenido efecto un acto de propaganda electoral socialista, en el que hicieron uso de la palabra los compañeros Antonio Cabrera, Fermín Blázquez y Mariano Rojo, que presidió. Los discursos de los tres camaradas fueron acogidos con gran entusiasmo por el numerosísimo público que asistió, a pesar del mal estado del tiempo y en todos los rostros se veía el deseo de hacer triunfar íntegra la candidatura republicano-socialista que se presenta para conquistar la mayoría del municipio…” (2).
Por la Unión Monárquica Nacional, defensora del régimen constitucional de la Restauración, se presentaron en nuestra villa Ángel Lorenzo Fernández-Vega, Loreto Manrique Olías, Moisés Rodríguez Manzano, Eliso Olarte Hernández, Rufino Hernández Olías y Enrique Puertas Encinas; todos eran labradores y agricultores salvo el primero, que además de propietario era el entonces alcalde.
El día 9 se compuso la única mesa electoral, presidida por el secretario del ayuntamiento Claudio Caballero, y conformada por una serie de adjuntos –todos labradores-, cada uno con un suplente(3). El número de concejalías que formaban el consistorio era de nueve, pero sólo seis de ellas podían ser ocupadas mediante sufragio(4). Éste se regulaba por la Ley electoral de 1878, reformada en 1890 con la apertura que suponía el sufragio universal masculino.
Por fin llegado el día de los comicios, estos fueron los resultados de los mismos en nuestra villa(5):


Aunque en Móstoles las elecciones las ganaron los monárquicos -dando el mando de la corporación a Ángel Lorenzo Fernández-Vega-, en las principales ciudades del país triunfó la conjunción republicano-socialista, motivo por el que dos días después, el 14 de abril, fue proclamada la II República española y comenzó el desmantelamiento del régimen de la Restauración y la dictadura de Primo de Rivera, que sería sustituido por otro más democrático. En Madrid esta proclamación tuvo un carácter festivo y multitudinario, pero en nuestra villa el júbilo se redujo al mostrado por aquellos que pasaban en coche por la carretera de Extremadura ondeando banderas republicanas; el día 15 Ángel Manzano Lorenzo izó la bandera del nuevo régimen en el balcón de la casa consistorial(6).
Sin embargo, y a raíz de los acontecimientos de instauración de un sistema político republicano, el Gobierno decidió anular los resultados de las elecciones celebradas en muchos municipios, incluido Móstoles, argumentando que no habían sido democráticas, sino que estaban corrompidas por los vicios del anterior régimen; se fijó en el día 31 de mayo la fecha para la segunda vuelta de los comicios en todos aquellos municipios, permaneciendo hasta entonces las comisiones gestoras nombradas por los gobernadores civiles para estos ayuntamientos(7).
Para esta segunda convocatoria se presentaron:
-Por la Unión Monárquica Nacional: Constantino Lluch Tomás, Ángel Lorenzo Fernández-Vega, Moisés Rodríguez Manzano, Eliso Olarte Hernández, Rufino Hernández Olías y Enrique Puertas Encinas; el primero era comerciante, el segundo propietario, el tercero industrial, el cuarto y quinto labradores y el sexto agricultor.
-Por la conjunción republicano-socialista: Martín Manzano Hernández, Julio Hernández Manrique, Críspulo Rodríguez Barcenilla, Modesto Montero Arribas, Leonardo Montero Merinero y Lorenzo García Calera; el primero era agricultor y los demás jornaleros, salvo el último, que era ferroviario.
La agrupación radical-socialista local había organizado un mitin en la víspera de las elecciones, el 18 de mayo(9).

Los resultados del nuevo sufragio en nuestra localidad fueron los siguientes(8):


A pesar de haber aumentado la participación, y con ella los votos hacia los republicano-socialistas en perjuicio de los monárquicos, volvieron a ganar éstos últimos, estableciéndose como alcalde Constantino Lluch Tomás(10), quien tomó posesión la nueva corporación el día 5 de junio(11). Por lo que hemos podido documentar, en bastantes ocasiones ejerció de forma efectiva la alcaldía el teniente Moisés Rodríguez, seguramente por estar ausente el señor Lluch(12). Constantino, a pesar de ser foráneo, había sido aupado a la alcaldía por la burguesía local, según testimonios orales, porque representaba mejor a una derecha política de corte republicano, no relacionada con el viejo régimen de la Restauración –como era el caso de Ángel Lorenzo Fernández-Vega, anterior alcalde-, y con aspiraciones de progreso y modernización agraria acordes con los nuevos tiempos.

No volvieron a celebrarse más elecciones municipales en Móstoles durante la II República, dado que las que se convocaron para 1933 se aplazaron indefinidamente en muchos municipios, el nuestro incluido, y en 1936, cuando se pretendieron retomar, esto no pudo llevarse a cabo al precipitarse la Guerra Civil. El ayuntamiento fue reemplazado a finales de 1934 y a comienzos de 1936 por sendas Comisiones Gestoras, la primera afín a la CEDA y la segunda al Frente Popular, pero eso es otra Historia.

(1) La primera sede socialista, la Casa del Pueblo, estaba ubicada desde 1918 en la Cuesta de la Virgen nº 2, local conocido más tarde como taberna del tío Cascales, y que alberga actualmente una tapicería. Dicha sede se trasladó, más tarde, junto con la de la sociedad obrera La Mostoleña, al local de la calle Juan de Ocaña nº 25.
PALACÍN ARA, Koldo. Móstoles, memorias de un pueblo: entre polvo, paja y moscas. Peña Barbacana. Móstoles, 1991. nota 391.
(2) El Socialista: órgano del partido obrero, 8 de abril de 1931.
(3) Se estableció una dieta de 20 pesetas para el presidente y otra de 10 para los adjuntos. La conjunción republicano-socialista nombró como interventores de dicha mesa a los militantes del PSOE Esteban Aguado Martín y Demetrio Jara San Martín, y al republicano Gerardo Muñoz.
Boletín Oficial de la Provincia de Madrid. Nº 83 del 9 de abril de 1931.
(4) Boletín Oficial de la Provincia de Madrid. Nº 77 del 31 de marzo de 1931.
(5) Boletín Oficial de la Provincia de Madrid. Nº 90 del 17 de abril de 1931.
(6) PALACÍN ARA, Koldo. op. cit. pp. 333-334
(7) El decreto, promulgado el 13 de mayo, establecía que la segunda vuelta se celebraría en aquellos municipios donde se hubiese incoado expediente de protesta, a tenor de lo dispuesto en las órdenes circulares del Ministerio de la Gobernación de los días 16 y 18 de abril pasados; para estos comicios se aplicaría la ley electoral de 1907, en todo aquello que no contradijese este decreto –no se podría prescindir de las elecciones aunque el número de candidatos proclamados fuese igual o menos al de llamados a ser elegidos, como establecía el artículo 29 de dicha ley-.
Boletín Oficial de la Provincia de Madrid. Número 113, extraordinario del 14 de mayo de 1931.
(8) Boletín Oficial de la Provincia de Madrid. Número 129, extraordinario del 2 de junio de 1931.
(9) Heraldo de Madrid. Año XLI. Nº 14.131, 18 de mayo de 1931.
(10) Comerciante valenciano, se instaló en Móstoles en 1922. Fue propietario durante mucho tiempo de la llamada Casa grande, en la calle de Madrid nº 16 –hoy avenida de la Constitución-, con una huerta anexa. De vocación hortelano, también llegó a poseer la huerta titulada Campo de la Virgen, junto a la carretera de Extremadura y donde hoy se levanta la Colonia de San Federico; así como otras fincas. En invierno se retiraba a vivir en Madrid con su familia y sirvienta. Personaje notable de la sociedad mostoleña de mediados del siglo XX, el tío Ayús estuvo preso durante la Guerra Civil en la cárcel Modelo de Madrid y en la de la calle Porlier; además había militado en el Partido Radical de Alejandro Lerroux. Se trasladó durante el resto de la contienda con su familia a su pueblo natal, Manuel, pero después regresaron a Móstoles, donde permanecieron hasta 1955, cuando murió Constantino y sus herederos acabaron liquidando sus muchas propiedades y desligándose de la villa.
PALACÍN ARA, Koldo. op. cit. nota 417.
(11) Los concejales electos fueron: un socialista, dos republicanos radicales socialistas y seis de la derecha liberal republicana.
La Voz. Año XII. Nº 3.252, 1 de junio de 1931.
La Libertad. Año XIII. Nº 3.494, 2 de junio de 1931.
(12) Varios anuncios publicados por el ayuntamiento en el boletín provincial, de los años 1931, 1932, 1933 y 1934, aparecen siempre firmados por Moisés Rodríguez, y sólo uno de finales de 1934 lo firmó Constantino Lluch.
Boletín Oficial de la Provincia de Madrid. 19 de noviembre de 1931, 13 de abril y 16 de junio de 1932, 26 de septiembre de 1933 y 19 de enero, 9 de marzo y 11 de octubre de 1934.
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Monday, February 7, 2011

Inauguración de la exposición permanente del Museo de la Ciudad

El pasado día viernes, 4 de febrero, por la mañana, el alcalde Esteban Parro inauguró la exposición permanente del Museo de la Ciudad de Móstoles, acto al cual asistí. Por fin se cumple el objetivo con el cual se construyó dicho museo –inaugurado en 2008-, albergar una exposición permanente que divulgue los hechos más destacados de la Historia de nuestra villa y permita a los ciudadanos conocer diversos aspectos de la vida en la misma en tiempos pasados.

Como en la noticia de la web del Ayuntamiento ya recoge suficiente información descriptiva de esta primera fase de la exposición, que abarca el ámbito cronológico de la Edad Contemporánea, voy a limitarme a añadir algunos comentarios e impresiones personales sobre la exposición. Antes de nada, he de señalar que he colaborado activamente -en compañía de Jesús Rodríguez Morales- con la empresa que ha montado dicha exposición (SMA), por adjudicación del consistorio.

Aparte de la maqueta de Móstoles en 1808, que se puede contemplar en el museo desde su inauguración, hace más de dos años, y que constituye la estrella de la exposición –si bien fue trasladada desde el sótano a la primera planta, consiguiendo mayor vistosidad al encontrarse con ella nada más entrar por el hall, y además se ha retirado la cubierta de metacrilato que durante un tiempo ha impedido su adecuada admiración; aparte, se le ha añadido un cartel explicativo con el plano del casco urbano de 1858 señalando los principales puntos de interés, para que el visitante más curioso pueda localizarlos en la maqueta-, en la muestra se puede encontrar lo siguiente:

  • Un panel exponiendo las tres hipótesis formuladas por Jesús Rodríguez Morales para explicar la etimología –origen del nombre- de Móstoles.
  • Otro panel que expone una breve descripción del edificio y su historia.
  • Un completo cronograma compuesto por numerosos paneles en los que se exponen fotografías e ilustraciones y textos que llevan al visitante a hacer un rápido recorrido por la Historia de nuestra villa.

  • Los paneles correspondientes al Dos de Mayo de 1808, la Guerra de la Independencia, la Guerra Civil y la posguerra y la gran transformación han sido correctamente descritos en la web del Ayuntamiento, si bien debo añadir que los titulares fijados en el muro que pretende simular la pared de una casa de antaño, con fotografías antiguas de Móstoles, son erróneos, ya que todas las imágenes mostradas –a mi juicio pocas, por desgracia, debido al insuficiente espacio- son del siglo XX, pues no existe ninguna fotografía que muestre algún rincón o personaje del Móstoles de finales del siglo XIX.

  • Dentro de los paneles del Dos de Mayo de 1808 se incluye un bello documento sobre el que he de hacer una aclaración importante. El texto que le acompaña señala que se trata del bando firmado por los alcaldes de Móstoles el 2 de mayo de 1808, Andrés Torrejón y Simón Hernández, pero esta explicación puede llevar a equívoco. No se trata del documento auténtico que rubricaron dichos alcaldes, cuyo paradero se ignora –si es que no fue destruido-, si no de una rigurosa reconstrucción, muy acertada al contar con mi asesoramiento y el de Jesús Rodríguez. Me explico: se ha empleado un papel similar al que se usaba en la época; el pliego aparece encabezado por un sello del año 1808, que imita perfectamente al de aquel año; el texto del bando, que para mi sorpresa y para mayor credibilidad contiene abreviaturas –comunes en los textos de aquellos años-, ha sido confeccionado por un calígrafo imitando la letra auténtica de Juan Pérez Villamil, redactor del bando –tomando por modelo, para ello, una carta escrita por el mismo en 1823-; asimismo, el texto que se presenta es el más fidedigno y cercano al original, consensuado por Jesús y por mí a partir de las cuatro copias del bando que se conservan en la actualidad; las rúbricas que aparecen al final del pliego han sido también elaboradas por el calígrafo, imitando las auténticas firmas de los alcaldes mostoleños de 1808, obtenidas de documentos de la época. Por último, el manuscrito se ha doblado para darle mayor realismo, pues obviamente, su portador lo transportó así  desde Móstoles hasta Badajoz.

  • Los recursos en forma de cilindro transparente muestran objetos que no son realmente de Móstoles, si bien son todos auténticos (tanto los objetos de la Guerra Civil como de la posguerra, y el material de construcción que no tiene mayor mérito).

  • La pantalla interactiva que muestra una gran foto aérea del término de Móstoles, sobre la cual se pueden visualizar algunos textos e imágenes relacionados con la gran transformación de pueblo a ciudad que nuestra villa experimentó en los años sesenta y setenta, me parece insuficiente. Por temas presupuestarios no se ha podido hacer algo más ambicioso, pues únicamente se muestran unos pocos puntos de interés. Quizá con el tiempo se vayan añadiendo puntos de la ciudad para los cuales expliquemos curiosidades históricas. También sería deseable incluir alguna ilustración mejor que haga comprender al visitante la expansión del casco urbano en aquellos años del boom inmobiliario.

  • Aunque no pertenece a la exposición, en la planta superior se muestra un cuadro que imita al pintado sobre óleo por el navalcarnereño Antonio Pérez Rubio (1822-1888), titulado “El Alcalde de Móstoles declara la Patria en peligro”. El original, que luce en la sede de la Comunidad de Madrid, en la Real Casa de Correos, representa una escena imaginaria (un postillón partiendo de Móstoles con el Bando de Independencia en la mano, mientras los alterados mostoleños discuten el acudir al auxilio de la capital). Fue elaborado para mostrarse en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1881(1), donde lo adquirió el mismo año la Diputación Provincial de Madrid por 1.000 pesetas(2). Mostramos a continuación una comparación entre el original y la imitación a la que aludimos.

Próximamente la empresa SMA continuará con la realización de la segunda fase de la exposición, que abarcará desde la Prehistoria hasta la Edad Moderna, y de la cual también daremos cuenta en este blog.

(1) OSSORIO Y BERBARD, Manuel. Galería biográfica de artistas españoles del siglo XIX. Ed. Moreno y Rojas. Madrid, 1884. pág. 526.
(2) Boletín Oficial de la Provincia de Madrid. Nº 164 y 175, 11 y 23 de julio de 1881.
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Tuesday, January 25, 2011

El lavadero municipal

Hace unos meses me llegó la triste noticia de que el viejo lavadero municipal había sido destruido por unas obras que se estaban realizando en la plazuela en la que se ubicaba hasta entonces. Poco tiempo después pasé por allí en varias ocasiones y comprobé por mí mismo la veracidad de aquella referencia, dándome cuenta de que se trataba de una obra de remodelación cuyo resultado final nos producía desconfianza a muchos. Desde ciertos colectivos se denunció la destrucción de lo que consideraban el viejo lavadero. Nada más lejos de la realidad: con algunos testimonios orales y examinando fotografías aéreas del centro de Móstoles en los años ochenta, pude dilucidar que lo que había en esa plaza era una reproducción del auténtico lavadero, emplazado en el mismo lugar en el pasado; reproducción que se debió de colocar en los años noventa.
Las obras de remodelación han llegado a su fin y nos han dejado un espacio urbano más vistoso y agradable que antaño, colocando una nueva reproducción –poco fiel, eso sí- del antiguo lavadero, con dos esculturas de metal junto a él que representan unas lavanderas. En mi opinión, el conjunto ha quedado muy bonito y rinde así homenaje a las mujeres mostoleñas que durante tantas generaciones acudieron a esta instalación pública para lavar las prendas propias y las de su familia, reconociendo así, en el fondo, el importante papel que la mujer ha jugado siempre en la familia.

Os dejo fotos de la reproducción del lavadero y la plaza, antes y después de la remodelación aludida:

Evidentemente, la primera foto se ve más bonita, porque fue tomada en verano y la nueva en invierno, con lo que a la segunda le resta encanto la ausencia de sol y los árboles deshojados…¡a ver qué tal luce en primavera!

Y a continuación una reseña histórica sobre el lavadero municipal de Móstoles.

Desde que se construyó la Fuente de los Peces, a mediados del siglo XIX, se utilizaron las aguas sobrantes, conducidas por una cañería de plomo, para alimentar un lavadero que se situó en la periferia del pueblo, en la plazuela donde se juntaban las calles del Pradillo y de la Sierra (actuales de Agustina de Aragón y Reyes Católicos, respectivamente); desde entonces el lugar se conoció como La Charquilla –aunque hoy se le llama plaza del lavadero-, pues la obra consistía en una sencilla charca de pésimas condiciones. En 1882 se hizo necesario crear un nuevo cargo público, el del operario que se encargaba de formar y conservar aquella charca(1), y que se proveería por arrendamiento al mejor postor. Tres años después se reformó, bajo la planificación del arquitecto Enrique Rodríguez Sánchez, siendo ejecutadas las obras por el contratista Pedro Reyes Gómez; éstas ascendieron a 2.772,72 pesetas en total –y no 1.922,91 como decía Juan Ocaña(2)- y se dotó al lavadero con pilas debidamente separadas y un pilón grande después de aquellas(3). En 1890 se acordaba reformarlo de nuevo, suprimiendo el encajonado que tenía y dejándole con dos pilas(4).
A pesar de la utilidad de esta obra, muchas mujeres siguieron acudiendo a lavar las prendas de sus familias a la finca municipal denominada El Soto, pues allí encontraban abundantes aguas, tupidas praderas de césped en las cuales dejar secar las ropas, y resguardo bajo la arboleda de la finca –que las protegía del sol, las lluvias y el viento-; algo que no ofrecía el descubierto e incómodo lavadero.

En el siglo XX también fue reparado en varias ocasiones(5). En 1935 el ayuntamiento consiguió una subvención del Estado, consistente en un crédito de 11.939,82 pesetas, como ayuda del presupuesto de 23.879,65 pesetas que se había formado para la construcción de un nuevo lavadero(6). Éste consistiría en un edificio rectangular cubierto a dos aguas, cuya ubicación no se especificaba, que contendría en su interior, a los laterales, 30 pilas individuales con un grifo cada una, y una atarjea en el centro a modo de desagüe colectivo(7). El fabuloso lavadero no llegó a construirse, seguramente por haberse perdido el proyecto durante la Guerra Civil y no tener el consistorio fondos para ejecutarlo. En 1941 tenía el viejo capacidad para 40 lavanderas, y había recibido el ayuntamiento una subvención por parte de la diputación provincial el año anterior para arreglarlo(8).

Planos del lavadero proyectado en 1935

En 1956 se planteó el proyecto de un nuevo lavadero, que costaría 200.000 pesetas y para el que se solicitarían ayudas económicas a la Diputación Provincial de Madrid, aunque no parece que se llegase a ejecutar. En 1958 esta instalación se nutría de las aguas sobrantes de las fuentes existentes en el casco urbano, pero se le enganchó a la red general de suministro de agua potable(9).

Mostoleñas lavando sus prendas en el lavadero de La Charquilla, en 1965 (10)

En 1967 el consistorio aprobó la eliminación del lavadero público de La Charquilla, porque había perdido su utilidad al tener ya todas las viviendas y edificios agua corriente; aunque se suprimió la entrada y salida de agua, se respetaron los pilones y el caño, quedando dicho lavadero como recuerdo histórico y elemento ornamental de la plaza en la que se ubica; cuya ordenación, por estar en malas condiciones, fue encargada por el ayuntamiento al arquitecto municipal en 1969(11).

(1) Boletín Oficial de la Provincia de Madrid. 16 de noviembre de 1882.
(2) OCAÑA PRADOS, Juan. “Obras públicas”. Apuntes para la historia de la Villa de Móstoles. Ayuntamiento de Móstoles, 1981.
(3) Boletín Oficial de la Provincia de Madrid. 15 de abril y 17 de octubre de 1885.
(4) Boletín Oficial de la Provincia de Madrid. 26 de enero de 1891.
(5) En 1907 se adjudicó la reparación de la cañería que transportaba las aguas sobrantes de la fuente del Pradillo al lavadero, al maestro albañil Venancio Baena. En 1925 se arregló de nuevo la misma, aunque esto no mejoró las condiciones en que se hallaba la precaria instalación. En 1939, 1940 y 1949 hizo falta volver a repararlo.
Boletín Oficial de la Provincia de Madrid. 25 de julio de 1907 y 9 de diciembre  de 1925.
Archivo Municipal de Móstoles. Signatura L-161: Libro de Actas del Pleno (de 1937 a 1940). Sesión ordinaria del 22 de octubre de 1939 / Signatura L-162: Libro de Actas del Pleno (de 1940 a 1944). Sesión ordinaria del 9 de octubre de 1940 / Signatura L-164: Libro de Actas del Pleno (de 1949 a 1957). Sesión ordinaria del 9 de marzo de 1949.
(6) Esta subvención se acogía a un decreto aprobado por el gobierno republicano el 25 de agosto de 1935, según el cual el Ministerio de Trabajo, Sanidad y Previsión concedería primas o créditos destinados a la mejora de las condiciones higiénicas y sanitarias de los municipios rurales. El alcalde de entonces, Emilio Puertas, solicitó el 31 de agosto una prima del 50% del presupuesto del lavadero a la Junta Nacional Contra el Paro, pues alegaba que con la obra se mantendrían ocupados a los jornaleros parados de la localidad.
(7) El edificio se levantaría sobre un solado de hormigón de cascote, con zócalo de fábrica de ladrillo con mortero, sobre el cual se basarían unos pilares de fábrica, enlazados por arcos de medio punto; todo ello se cubriría con una cubierta de madera roja de pino y tejas curvas. El abastecimiento de agua se haría a través de pozos subterráneos, intentando de esta manera no mermar el exiguo caudal de los ya existentes para el abastecimiento público; el vertido de las aguas sucias se haría de forma apropiada, sin contaminar los cauces fluviales naturales. Las conducciones de agua serían tubos de hierro fundido, de 50 mm. de diámetro, aislados por una capa de cemento. Por cierto que, ya en 1924 se planteaba la necesidad de construir un nuevo lavadero, porque el existente era antihigiénico e incómodo.
Archivo Municipal de Móstoles. Signatura 6088.
Archivo General de la Administración. Ministerio de la Gobernación, Fondo Antiguo de Gobernación. IDD (8)25. Caja 44/0096, nº 1.
(8) PALACÍN ARA, Koldo.  Móstoles, memorias de un pueblo: entre polvo, paja y moscas. Peña Barbacana. Móstoles, 1991. pág. 505.
Archivo Municipal de Móstoles. Leg. 292.3.
(9) Archivo Municipal de Móstoles. Signatura L-164: Libro de Actas del Pleno (de 1949 a 1957). Sesiones ordinarias del 15 de febrero y 26 de diciembre de 1956 / Signatura L-165: Libro de Actas del Pleno (de 1957 a 1961). Sesiones ordinarias del 12 de febrero, 3 de marzo y 25 de junio de 1958.
(10) Fotografía procedente del fondo fotográfico Martín Santos Yubero, del Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.
(11) Archivo Municipal de Móstoles. Signatura L-167: Libro de Actas del Pleno (de 1964a 1967). Sesión ordinaria del 18 de abril de 1967 / Signatura L-168: Libro de Actas del Pleno (de 1967 a 1970). Sesión extraordinaria del 19 de diciembre de 1969.

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Monday, May 3, 2010

Crítica a la escenificación de la gesta del Dos de Mayo de 1808

El domingo pasado acudí al Parque Cuartel Huerta a presenciar la ya tradicional escenificación teatral de la gesta del Dos de Mayo de 1808. Mis impresiones sobre la misma son las siguientes:

Acerca de la organización y logística de la recreación, tengo que decir que, si bien la idea –llevada a cabo por el Ayuntamiento en los dos o tres últimos años- de representar “escenas costumbristas” en el centro de la ciudad no me parece mala, por la cercanía a los vecinos, sí me resulta mediocre que la representación más importante de todas se haga en un parque céntrico. Ignoro las razones por las que no se ha llevado a cabo en la plaza de toros, como en años anteriores, donde el público podía dispersarse por las gradas y al menos permanecer sentado y con una buena visibilidad de las escenas; con este nuevo escenario, lo que consiguieron es que el público se masificara, que mucha gente no pudiese ver nada, al no haber suficientes gradas, y que además instalaciones como los altavoces estuvieran demasiado próximas al público, lo que hacía bastante incómoda la afluencia de gente a los sitios más próximos a estos aparatos. En cuanto al escenario y los “efectos especiales” de los que presumía la propaganda del Ayuntamiento, no puedo más que calificarlos de mediocres: un escenario pequeño, con luces y sonido y unos proyectores. Poco más. Se pierde la amplitud del ruedo de la plaza de toros, donde todo se desenvolvía con más espacio. Una cosa que me llamó la atención fue ver al director -de Conga Producciones- todo el rato haciendo gestos nerviosos a los actores, como quien no ha tenido tiempo de preparar las escenas y en el último momento está teniendo que dar indicaciones de forma continua desde enfrente del escenario (por cierto que, los folletos indicaban que la función empezaba a las 22:00 h y tardó un rato más, precisamente porque parecía que todavía no estaba todo preparado a esa hora, lo que aumentó la sensación de mediocridad e improvisación que tenía yo de todo). Quizá es que no soy ni actor ni director, y no comprendo las dificultades de organizar y dirigir una representación así, pero no por ello voy a guardarme mis críticas y mis sensaciones acerca de ello, que creo que fueron compartidas por muchos espectadores más. Lo más probable es que todo se deba al recorte de gastos que se ha puesto tan en auge en el último año  en todas las empresas, organismos e instituciones, con la excusa de la crisis económica.


En cuanto a lo puramente historiográfico, como no podía ser de otra manera no puedo evitar guardarme mis críticas. El director, Antonio Pardo, presume de “mostrar con histórico rigor qué sucedía esos mismos días hace doscientos dos años en las calles de Móstoles”, a lo cual tengo que apostillar que esto no es del todo cierto. Supongo que todo es achacable a una pereza continua de los organizadores de los espectáculos para documentarse acerca de lo que se sabe hoy sobre la gesta del Dos de Mayo de 1808 en nuestra localidad, aunque hubo detalles del guión que me revelaron que se habían incorporado novedades y, contradictoriamente, mantenido a la vez errores del antiguo guión, escrito por José Arrabal Lozano –miembro de la Comisión de Festejos de la concejalía de Participación Ciudadana y amigo mío- y poco revisado hoy en día:

-Se mantenía, al igual que en el antiguo guión, un hecho claramente inventado por la tradición local y carente de fundamento histórico: que el 1 de mayo de 1808 Juan Pérez Villamil interceptó un emisario francés con órdenes secretas del general Murat, camino de Extremadura. Esto no es que sea falso, si no, más bien, que no está probado. Y lo que no está probado es mejor no incorporarlo, aunque se intenten introducir algunas licencias historiográficas.
-Me sorprendió cómo al anticuado guión incorporaron dos novedades que Jesús Rodríguez Morales y yo hemos publicado: que Esteban Fernández de León acudió a encontrarse con su conocido Juan Pérez Villamil a Móstoles para entregarle el decreto por el que se le nombraba miembro de una clandestina Junta de sustitución, encargada de reemplazar a la Junta de Gobierno en caso de que fuese “inhabilitada por la violencia de ejercer sus funciones” por las autoridades militares francesas acuarteladas en Madrid, lo cual influyó decisivamente en el papel que jugó el citado Villamil al redactar el Bando de Independencia; y que se explicase en el guión la hipotética razón, a nuestro juicio, por la que se hizo firmar el bando a los dos alcaldes ordinarios que había entonces en Móstoles, Andrés Torrejón y Simón Hernández (que, al ser rubricada por una autoridad con jurisdicción reconocida, el documento pudiese ser así transportado hasta Badajoz por la carretera de Extremadura mediante el servicio de postas con la urgencia que se requería, usándose fondos públicos de los pueblos por los que pasase el mensajero, Pedro Serrano, para auxiliarle con postillones que le guiasen por el camino; aparte, estas rúbricas le darían al bando mayor credibilidad a ojos de otras autoridades delegadas de la Corona en pueblos y ciudades, como alcaldes, corregidores y capitanes militares).
-Me decepcionó que, a pesar de haber incorporado esas dos novedades anteriores, los organizadores de la función no se hubiesen tomado la molestia de incorporar la versión del texto del Bando de Independencia más correcta y cercana al original, reconstruida por Jesús Rodríguez y por mí a partir de cuatro copias del histórico documento que hemos logrado hallar. Me pareció ridículo que todavía se usase la versión de la copia custodiada en el Archivo Municipal de Cumbres de San Bartolomé, que es la más alejada del original, y para colmo con la risible errata del “….pro manera que en Madrid está corriendo a estas horas mucha sangre…”, que es una mala transcripción del documento, donde se lee “por manera que en Madrid está corriendo a estas horas mucha sangre…”.

En fin, un guión que, al parecer, han querido actualizar para incorporar algunas novedades dadas a conocer por Jesús y por mí (¿sacadas quizá de los artículos que tenemos en la Wikipedia sobre el tema?), en un intento por dotarle de mayor rigor histórico, pero que se queda corto. Nosotros entregamos a la Comisión de Festejos unas directrices para reescribir el guión con el mayor rigor histórico posible –por supuesto, las “licencias” permitidas corren a cargo del guionista y del director-, pero parece que no han sido tenidas en cuenta.

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Tuesday, November 24, 2009

El Casino de Móstoles

Hoy ha sido inaugurado por el alcalde mostoleño, Esteban Parro, y por el Consejero de Presidencia de la Comunidad de Madrid, Francisco Granados, el edificio que alberga el Instituto de la Mujer y el Archivo Municipal. Más información sobre el mismo aquí.


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Aprovechando la ocasión quiero señalar que el solar en el que se ha edificado esta instalación fue ocupado durante décadas por el Casino de la villa, de cuya historia doy cuenta a continuación:

En 1875 la sociedad local llamada Círculo del Recreo, que estaba bajo la dirección del secretario municipal Eusebio Rodríguez Manzano, adquirió el terreno en la entonces calle del Hospital –actual Colón- para construir un nuevo teatro para Móstoles, y se encargó el proyecto al arquitecto Enrique Rodríguez Sánchez; las obras de construcción las ejecutó el maestro albañil Pedro Reyes, por 15.000 pesetas en total(1). El nuevo teatro-casino, una vez amueblado y decorado, se inauguró el día 3 de diciembre de 1876, con una función teatral consistente en un drama en tres actos y en verso titulado El Patriarca del Turia, el que fue interpretado por varios socios aficionados; la música del baile fue compuesta por Eugenio Olarte. El día 5 de diciembre de 1876 se convocó una Junta general para nombrar a los miembros de la Junta Directiva de la sociedad –en la que figuraban los más adinerados vecinos del pueblo- y aprobar el reglamento; se nombraron dos socios de mérito, por su colaboración desinteresada con la sociedad, y se constituyó la misma, por 124 acciones de 100 pesetas que compraron 21 socios fundadores por 12.400 pesetas en total. Se pidió un préstamo al 6% para completar los gastos. En 1883 Mariano Rodríguez cedió un trozo de terreno colindante con el edificio, para construir la habitación destinada a vestuario de los actores, por lo que se le admitió como socio fundador en el Círculo del Recreo.
El teatro gozó durante los primeros diez años de una vida próspera y alegre, pues en él se daban frecuentes funciones, y coincidió con la época de auge y florecimiento del arte dramático en nuestra villa, en la que los entusiasmados aficionados organizaron una excelente compañía teatral. A pesar de que se siguieron dando buenas funciones, a partir de 1886 la afición decayó y entre los últimos años del siglo XIX y primeros del XX las desavenencias políticas influyeron también en el abandono parcial y división de la sociedad cultural.

casino

Casino en 1908

El edificio fue descrito con estas palabras por el reportero José Nogales en 1908: “Tiene un amplio billar, una estufa maravillosa, un salón de baile admirable y un teatro mejor que el del palacio de El Pardo. Además, un vestíbulo con una parra retorcida, que será un encanto en los cálidos días estivales”(2).
Este edificio siguió acogiendo escenificaciones teatrales y el ocio lúdico de los mostoleños, hasta que en 1927, con la política moralista del gobierno de Primo de Rivera, fue prohibido el juego y hubo de ser clausurado.
No volvemos a tener noticias de la sociedad Círculo del Recreo más adelante, y desconocemos el uso que se le dio al Casino y quiénes fueron sus propietarios posteriores; únicamente sabemos que en 1942 existía un teatro denominado Fantasio Lemos, propiedad de un tal Enrique C., pero ignoramos dónde estaba ubicado y cuánto tiempo se mantuvo funcionando(3).
El antiguo Casino se conservó parcialmente en pie, hasta que hace pocos años fue demolido para construir en su solar el edificio del que hablábamos al comienzo de este post(4).

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El edificio del casino poco antes de ser demolido, en el año 2005


(1) Constaba el edificio de las siguientes dependencias: patio de entrada, portal, biblioteca, guardarropa, salón de baile, salón de juego, teatro, patio interior y casa par el conserje. El escenario, de regulares dimensiones, tenía a uno y otro lado las habitaciones independientes para vestuario de los actores y actrices. La marquesa de Monistrol, dueña del madrileño teatro de Buenavista, vendió por 1.250 pesetas al Círculo del Recreo todos los muebles y enseres de su teatro, al clausurarlo; se adquirieron telones, bastidores, butacas, galería y madera suficiente para construir el escenario, entarimar el piso de la galería y el salón de baile, quedando en perfectas condiciones el teatro mostoleño durante bastante tiempo. Hubo que emplear 40 carros para transportar todos los muebles y enseres hasta Móstoles.

OCAÑA PRADOS, Juan. “El Teatro en Móstoles”. Apuntes para la historia de la Villa de Móstoles. Ayuntamiento de Móstoles, 1908 (primera edición).

(2)  El Liberal. 21 de enero de 1908.

(3) BAILLY-BALLIÈRE-RIERA. Guía-Directorio de Madrid y su provincia: comercio, industria, agricultura, ganadería, minería, propiedad, profesiones y elemento oficial. Anuarios Bailly-Ballière y Riera Reunidos. Barcelona, 1943.

(4) En la década de 1980 funcionaba en él un taller de carpintería, aunque terminó sin uso y arruinado; sólo quedaba, del primitivo Casino, el edificio que albergaba el teatro y las habitaciones de los actores. La fachada, que tenía un frontón en cuyo centro se abría un hueco termal, fue reformada al abrirse en ella un portalón en su parte central y sendas ventanas a los lados de éste.

PALACÍN ARA, Koldo. Móstoles, memorias de un pueblo: entre polvo, paja y moscas. Peña Barbacana. Móstoles, 1991. pp. 286-287.

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